___________________________ Cartas PH __________________________


¡DEFENDAMOS LA VIDA!


 

17/01/2011

 

Continuamente, insistentemente, el Papa Benedicto hace referencia al respeto que se ha de tener por la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. En el mensaje que pronunció al iniciarse el Adviento del año pasado dijo lo siguiente entre otras muchas cosas:

“Hay tendencias culturales que tratan de anestesiar las conciencias con motivaciones presuntuosas. Respecto al embrión en el seno materno, la ciencia misma pone de relieve su autonomía capaz de interacción con la madre, la coordinación de los procesos biológicos, la continuidad del desarrollo, la creciente complejidad del organismo. No se trata de un cúmulo de material biológico, sino de un ser vivo, dinámico y maravillosamente ordenado, un nuevo individuo de la especie humana. Así fue Jesús en el seno de María, así fuimos cada uno de nosotros en el seno de nuestra madre. Podemos afirmar con el antiguo autor cristiano Tertuliano: “Ya es un hombre, aquél que lo será”. No existe ninguna razón para no considerarlo persona desde la concepción”.

En la oración que compuso para la ocasión dijo “Señor, aviva en nosotros el respeto por toda vida humana naciente, haz que veamos en el fruto del seno materno la admirable obra del Creador; abre nuestro corazón a la generosa acogida de cada niño que se asoma a la vida”.

Es horrible como las leyes civiles han deformado nuestras conciencias y se habla del aborto como algo de lo más natural, de lo más conveniente, del “derecho” de la madre para asesinar a su hijo. Se han hecho en el DF más de 30,000 abortos al amparo de leyes perversas. Es todo un genocidio. Nos duele por supuesto la cantidad de muertes provocadas por los desastres naturales o por la guerra de la mafia, pero nos tragamos mansamente y mensamente lo del aborto. La Iglesia puede decir lo que quiera, vale que nadie le hace caso. Cuando Norberto abre la boca, lo ponen pinto porque todo mundo tiene derecho de decir lo que piensa excepto la Iglesia.

Hay mucha literatura científica y religiosa para enterarnos perfectamente y saber argüir con valor y eficacia a favor de la vida.

Vi en la tele los heroicos esfuerzos para salvar la vida de un pelícano “empetrolado” (sic) por el derrame en el Golfo: lo transportaron en una lancha rápida a un hospital y corrían afanosamente como si fuera un paro cardiaco de una persona. ¡Y los niños a la basura! ¡Maldita sea!

 

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