___________________________ Cartas PH __________________________


DOS CLASES DE ESPERANZA


 

22/11/2014

 

En la creación tan solo el hombre es un ser que espera siempre por ser racional y vive en un ayer, un hoy y un mañana. Los animales, pobres, no saben ni se les ocurre lo que va a suceder en el futuro.

Por eso el hombre hace planes y espera se cumpla lo que desea:

> Espero que me salga este negocio,

> Que mi salud mejore,

> Que llueva en mi milpa,

> Que pueda comprar un coche,

> Que Ceci me dé el sí que tanto anhelo,

> Que el parto sea exitoso,

> Que el Gobierno haga justicia,

Y así en adelante, expresado también con un “ojalá” o con el católico “primero Dios”.

Esa clase de esperanza es eminentemente temporal, y sin remedio, llegará el tiempo del triunfo o de fracaso.

Pero tenemos otra clase de Esperanza, ahora con mayúscula: la virtud de la Esperanza, muy distinta de la anterior. Es la otra cara de la virtud de la Fe. Van siempre juntas. La Palabra de Dios, me revela que Dios Todopoderoso es infinitamente misericordioso con sus criaturas; conocemos sus palabras de perdón, sus promesas alentadoras. Por eso cantamos Con gozo: “Espero confiado en que el Señor cumplirá con sus promesas”. ¡Cuántos Salmos de Israel se refieren a la Esperanza! “Dios es misericordioso, lento a la cólera rico en piedad y leal”.

Y nosotros, el Nuevo Pueblo de Dios, con mucha más razón, al ver el amor infinito que Dios tiene al hombre hasta dar su vida por nosotros en la Cruz. ¡Cómo nos ama Dios!

Esperamos, por supuesto que esperamos que perdone nuestros pecados porque estamos arrepentidísimos y los hemos confesado en el Sacramento de la Reconciliación; esperamos con firmísima esperanza, lo que la Iglesia llama “Esperanza cierta” de que será nuestra la Gloria después de la muerte, porque Cristo dijo: “El que coma mi carne y beba mi sangre, tendrá la vida eterna y Yo lo resucitaré el último día”.

¡Oh, santa virtud de la Esperanza!

 

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