___________________________ Cartas PH __________________________


TRES SUBLIMES VERDADES
EN CUATRO ENJUTOS RENGLONES


 

19/05/2014

 

“Dios nuestro, que por el santo valor de este sacrificio

nos hiciste participar de tu misma y gloriosa vida divina

concédenos que así como hemos conocido tu verdad

de igual manera vivamos de acuerdo con ella”


Oración sobre las ofrendas, Domingo V de Pascua.

Ayer, queridos hermanos, en la Santa Misa, rezamos esta pequeña oración. La Liturgia Católica, con experiencia de siglos, sabe poner en nuestros labios palabras simplemente sensacionales. Vamos por partes:

¿Cuál es el Santo Valor de lo que estamos haciendo en el altar? Pues nada menos que el valor inaudito de la muerte de Jesucristo en la Cruz por nuestros pecados. En el Calvario la sangre de Dios hecho hombre, sangre divina, de cuya una sola gota podría haber redimido mil humanidades pecadoras, fue derramada hasta la última gota. Y en el altar, en cada altar del mundo, ese hecho inaudito, se revive, se actualiza, sucede realmente. En cada Misa se está redimiendo a la humanidad y Jesús esta muriendo ante nuestros ojos.

El siguiente renglón no es menos sublime: ¡Dios nos hace la Gracia de participar de su Divinidad, de su propia Vida Divina! Es lo que llamamos la Gracia Santificante. Nosotros, a partir del Bautismo y con la ayuda de todos los Sacramentos, participamos de la divinidad de Jesucristo, como Él participa de nuestra humanidad. Es lo que la Iglesia clama en latín: “¡Oh, admirable commercium!” ¡Si Dios se hizo hombre, que nos haga dioses!

El resto de la oración nos pone ante los ojos un reto, un compromiso maravilloso: conocer la verdad, la Vedad de Dios, la verdad de Aquél que dijo “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Leer, meditar, rumiar horas enteras en la meditación las verdades de la Sagrada Biblia, especialmente los Evangelios. Estudiar afanosamente invocando la luz del Espíritu Santo. Y después ser coherentes, como nos pedía San Juan Pablo II: ser capaces de vivir lo que creemos.

Conclusión: cuando vayas a Misa, lleva tu Misal y fíjate bien en lo que la Iglesia está orando. Sacarás mucho provecho de ello.

 

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