___________________________ Cartas PH __________________________


LA GRACIA SANTIFICANTE


 

17/12/2013

 

Amigos queridos:

“Dios nuestro, Creador y Redentor de los hombres, que quisiste que tu Verbo Eterno tomara carne en el seno de la siempre Virgen María, escucha nuestras súplicas y concédenos que tu Hijo, que ha tomado nuestra naturaleza humana, nos haga participantes de su naturaleza divina, por Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos”

(Oración Colecta de la Misa del 17 de diciembre)

¡Pero qué cosa estamos diciendo! ¿Estamos locos? ¡A quién se le ocurre tal deseo, tal idea, tal locura? ¿El hombre, pobre criatura, hormiguita en el Universo, se atreve a pedirle a Dios compartir con nosotros su Divinidad? ¿Se le ocurriría a una corriente vasija de barro pedirle al alfarero la participación de su vida humana? ¡Pues lo maravilloso, lo asombroso, es que esa loca idea, ¡es iniciativa de Dios mismo! Para eso fuimos creados, lo que es mas, para eso Dios creó el Universo entero, para crear en el planeta Tierra al hombre “a su imagen y semejanza”. ¿Y cual puede ser la “semejanza” entre Dios y el hombre? ¡Pues en ser como Él, dioses participando gratuitamente de su naturaleza, de su misma Vida Divina!

¿Cuándo podremos entender eso? La idea divina sobrepasa absolutamente nuestras limitadísimas capacidades. Pero esa es la verdad, la más grande verdad de la Creación: fuimos creados para ser dioses con Dios.

En la Santa Misa todos los días rezamos un “toma y daca con Dios” un “dando y dando”, cuando el sacerdote añade al vino que va a consagrar una gotas de agua diciendo:

“Padre, que así como se mezcla el agua con el vino, haz que participemos de la divinidad de Aquél que quiso compartir nuestra humanidad” y se ve como el agua se integra, se pierde en el vino, se hace una sola sustancia. De la misma manera, el hombre se hace dios, porque Dios se hizo hombre, ¡vaya cosa inefable! Y ese es el mensaje del tiempo de Navidad: veremos a Dios en un pesebre para poder comunicarnos su ser divino por medio de su Pasíón Muerte en la Cruz. ¡Que extraños son los designios de Dios ¡ ¿Quién podrá comprenderlos? Pero así ha sido.

No lo olvidemos, hermanos: este arcano designio de Dios, pensado desde toda la eternidad, se hace realidad concreta por medio de todos los Sacramentos, signos visibles de la comunicación de la Gracia Santificante, empezando por el Bautismo en el cual, por participar ya de la Vida Divina por obra del Espíritu Santo, ¡somos hijos de Dios! La humilde vasija se convierte en su Alfarero divino y lo podemos llamar ¡Ábba, Padre!

No olvidemos esta inmensa verdad en la Santa Misa de Navidad y no nos detengamos, por favor, en la bendición de pequeñas imágenes de “Niños Dioses” tal vez disfrazado de algún Santo, de ángel... o de futbolista.

Nota: el tema de la Gracia está ampliado en el Folleto EVC 165 “LA GRACIA”

 

Leer más Cartas PH >