___________________________ Cartas PH __________________________


IN HAC LACRIMARUM VALLE


 

15/11/2013

 

Cantamos a la Virgen María en la Salve “A ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”. ¡Sí! Vivimos en un valle de lágrimas y no en un “México lindo y querido”! Nuestra pobre Patria es un horror hundida en drogas, asesinatos, secuestros, extorsiones, prostitución, pedofilia, mentira, violencia, masacres, contubernios, demagogia, asaltos, descuartizamientos, plantones, marchas, franeleros incontrolables, policías mafiosos, fosas llenas de cadáveres, migrantes explotados y asesinados, corrupción, hipocresía, inseguridad, abusos, secuestros, abortos, antros, delincuentes liberados, injusticias, desgobierno, ineficacia, miedo y sangre.

Una muy bonita canción decía a las palomas mensajeras que se detuvieran si andaban buscando el cielo porque “andaban volando sobre Michoacán”. ¡Qué ironía! Habrá que decirles ahora: ¡váyanse porque Michoacán es un infierno!

Vemos ahora con gusto y temor, que el Clero michoacano presidido por el Obispo de Apatzingán, levanta por fin la voz, aún a costa de amenazas de represalias tremendas. Los Sacerdotes se están jugando la vida porque los narcos no respetan nada ni a nadie. ¿Es que la sangre deberá correr antes de poder vivir en paz? ¿Puede el Clero permanecer callado ante tanto mal? ¿No es la vocación del Profeta denunciar el pecado? ¿No es su deber apoyar a los ciudadanos que hartos de tanta injusticia defienden sus bienes y su propia vida con palos y machetes? ¿Puede un Obispo o un Sacerdote refugiarse silencioso en la sacristía mientras afuera se realizan masacres, ejecuciones y extorsiones de todo tipo? ¿Qué puede o debe hacer un Sacerdote si los narcos le piden “cuotas” para dejarlo en paz? ¿Serviría de algo ofrecer su vida y terminar degollado y descuartizado tirado en una milpa?

¡Qué pena, hermanos, qué pena! Este México “guadalupano”, este México “siempre fiel”, es ahora un infierno, que lo digan las innumerables víctimas de la situación.

¿Quién sale de su casa sin temores? ¿Quién está seguro de volver sano y salvo? ¿En dónde podemos estar en paz, si una balacera te puede quitar la vida en un restorán, en un centro comercial, en una calle cualquiera, en una fiesta familiar, en la iglesia?

¡Señor, ten piedad de nosotros, Virgen Santísima de Guadalupe, “vuelve a nosotros tus ojos” porque vivimos realmente en un “valle de lágrimas”.

 

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