___________________________ Cartas PH __________________________


¡CÓMO AMO A LA IGLESIA!


 

23/08/2013

 

Desde hace 20 siglos, con una fidelidad sobrenatural, la Iglesia nos ha transmitido las verdades de la Fe, esa fe, ese Credo que la Iglesia me enseñó desde niño y que he rezado y transmitido a mi vez a los que me ha tocado evangelizar.

Jesucristo no escribió ningún documento. De lo que tenemos noticia, lo único que escribió fue con su dedo en la arena, para salvar a la mujer sorprendida en adulterio. Fueron los Apóstoles los que asimilaron sus enseñanzas y después la Iglesia las puso por escrito con gran precisión para que no se olvidaran o deformaran: es lo que llamamos “El Credo de los Apóstoles”.

Mas tarde en los Concilios de Nicea y de Constantinopla, se formuló el Credo que declaramos en las Misas dominicales explayando con más detalles la Fe de los Apóstoles. Y han transcurrido siglos sin que la Iglesia se haya atrevido a cambiar una sola letra. San Pablo exhorta a Timoteo a guardar celosamente “el depósito de la fe”, advirtiendo a los cristianos que si él mismo predicara otra cosa, no le hicieran caso. Ahora los Católicos en todos los rincones del mundo creemos esas mismas maravillosas verdades en un testimonio de unidad en el tiempo y el espacio realmente impresionante. Más de 1000 millones de todas las razas y culturas, podemos orar juntos el mismísimo Credo. Yo lo he vivido en muchos países vibrando de emoción.

A la Iglesia, le debo también nada menos que la Palabra de Dios, otro milagro obrado por el Espíritu Santo. Heredando los Libros Sagrados del Antiguo Testamento y escribiendo los Evangelios y los demás libros del Nuevo, tengo en mis manos la Biblia transmitida durante 14 siglos por medio de los amanuenses que en los conventos la copiaron piadosa y cuidadosamente hasta la llegada de la imprenta hace 6 siglos. ¡Dios bendiga a Gutemberg!

Pero es la Iglesia Católica y solo ella la que me garantiza su correcta interpretación. La Biblia sin la Iglesia, como me dijo un día el P. Martín Pérez Sánchez, “es papel y tinta”. Nada más. Hay que ver lo que los protestantes hacen con la pobre Biblia.

Y el colmo de lo que Dios me da por medio de la Iglesia Católica, es por supuesto la Sagrada Eucaristía, el Don de Dones: La infinitud de Dios encarnado en Jesucristo y el amor de Cristo hecho Hostia Santa. ¡La Iglesia me da a comer cotidianamente a Dios!

¡Amo a la Iglesia, amo a la Iglesia a pesar de sus fallas meramente humanas!

 

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