___________________________ Cartas PH __________________________


“DEL PIOLET AL BASTÓN”


 

17/06/2013

 

El querido Güicho Dávila, en la reunión que tuvimos el sábado pasado, bromeando me dijo riendo el título de esta carta. Fue un gancho al hígado, pero también me reí al ver lo atinado del dicho.

En efecto, queridos amigos, ya soy “bastonero”. Atrás, muy atrás quedaron las cimas nevadas que tanto gocé en compañía de mis alpinos. Los años se me acumularon y las piernas ya no los aguantan como antes. Tengo piernas de trapo y me tropiezo con cualquier cosa y lo que es más, sin cosa alguna. Me he caído tres veces y no se me rompió ningún hueso porque Dios me quiere mucho, pero quedé estropeado. Por eso, sobre todo en la calle, voy ahora con sumo cuidado paso a paso y con el bastón listo. No me cuesta trabajo caminar ni me duele nada. Dios es grande.

La ancianidad tiene por supuesto muchas desventajas: es horrible no poder hacer ya cosas que antes ni se fijaba uno; es penoso pedir ayuda (se ponchó una llanta del auto y hube de pedir auxilio), ser dependiente de personas caritativas, que nunca niegan su ayuda.

Pero las canas tienen también muchas ventajas: han pasado tantos años, he visto tantas cosas, he conocido tatas gentes y visto el éxito o el fracaso de tantos, he vivido como dice un tango: “aprendí, todo lo malo, aprendí todo lo bueno”. A mi edad, se valoran las cosas de otro modo, se relativizan cosas que en realidad no tenían importancia, se desechan ambiciones falaces, se mandan al olvido tantas cosas que en realidad no valían la pena.

Y lo mejor es que sabemos que el fin está cerca, que el telón final está por descender. Por eso me gusta tanto la canción que Frank Sinatra y yo cantamos tan bien: “My way”. “Y ahora está cerca el final...”

Ver la muerte cercana, sin miedo, en paz, con la ilusión de ver al Señor “cara a cara” como nos dice San Juan... ¡Qué mejor que abandonar este mundo tan conflictivo, tan lleno de tentaciones!

Facundo Cabral dijo que la muerte es “una mudanza a la casa del Padre”. Y estoy próximo a mudarme un día de estos. Dios sabrá cuando, pero será bienvenido.

 

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