___________________________ Cartas PH __________________________


EL “AQUÍ Y AHORA”


 

09/06/2013

 

Amigos:

En diversos contextos, ambientes, áreas, documentos, se emplea el título de esta carta: “Aquí y ahora”, para significar una inmediatez, urgencia, oportunidad, ocasión. No se trata de hacer memoria de cosas pasadas, tampoco de planes para el futuro. El asunto es en este lugar, en este momento: aquí mismo e inmediatamente. Es una expresión hasta elegante, de ejecutivos, de gente de acción.

Pero se me ocurre que el “Aquí y ahora”, transportado al “más allá”, o sea a lo que sucede después de nuestra muerte, adquiere un sentido distinto pero actual.

“AQUÍ”: No más allá, no más acá, aquí porque en la otra vida, NO HAY ESPACIO. Nos encontraremos en una dimensión desconocida para nosotros que somos tan “espaciales”. Yo estoy aquí, pero si me muevo, estaré allá metros más metros menos. No puedo estar aquí y allá al mismo tiempo. Ocupo un lugar concreto y nada más uno en el espacio. ¡Salir de la dimensión espacial va a ser sensacional! Estaremos en todos los lugares y en ninguno. El “Aquí” se vuelve cósmico e inexistente al mismo tiempo.

Y lo mismo pasa con el “AHORA”, porque en el Cielo, no hay ni un antes ni un después. Es un presente absoluto, total. La eternidad no es un tiempo sin fin, es el NO TIEMPO. Todos los instantes unidos. San Agustín nos dice que no existirá una sucesión de días, sino que será “como todos los días juntos”. Un presente sin fin, sin cambios temporales. Otra vez, ¡sensacional!

Así podremos todos ver al Señor, como dice San Juan “cara a cara”, lo podremos tocar. Jesucristo resucitado posee lo que la Iglesia llama un “cuerpo glorioso”. Tiene cuerpo ciertamente, su cuerpo resucitado, el nacido de María Inmaculada, pero transformado, con propiedades nuevas (recuerden cómo penetraba a través de las puertas y muros y sin embargo también comió muy humanamente en frente de los Apóstoles). San Juan nos dice que sus manos lo tocaron. Nuestro cuerpo también será transformado de alguna manera y tendremos cada quien a Jesús frente a nosotros, a pesar de ser miles de millones de santos en el Cielo. En la Gloria, el “Aquí y ahora” será una realidad sorprendente. La Iglesia emplea una fórmula equivocada porque no le queda otra: “Per omnia saecula saeculorum”, “por todos los siglos de los siglos”... ¡pero no habrá siglos!

Nota: si llego allá antes que ustedes, luego les cuento.

 

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