___________________________ Cartas PH __________________________


EL HILO DE PLATA


 

14/09/2009

 

Queridos mis cuatro lectores:

Una canción americana habla de buscar el “Silver Lining”, el hilo de plata como el camino a la felicidad. Todos queremos ser felices por supuesto, pero muchos, la mayoría diría yo, rompieron el hilo de plata tal vez sin darse cuenta y no son felices.

Creo yo firmemente que el HILO DE PLATA para nosotros los católicos, es simplemente la participación en Gracia a la Eucaristía dominical. Tan simple como eso.

Nuestra Santa Madre la Iglesia nos lo recuerda y nos lo pone como “obligación”: el domingo la Misa es “de Precepto”, es obligatoria.

¡Qué pena que un católico llegue a considerar el asistir a Misa como una obligación en vez de considerarla como un magnífico privilegio reservado a los hijos de Dios! Son muchos los que asisten a Misa no solamente los domingos sino entre semana cuantas veces pueden.

¿Por qué creo que la Misa dominical es el Hilo de Plata?

Un católico que no asiste anda mal. Para pronto no ha comprendido lo que es la Eucaristía, ese don inefable de Jesús que se ofrece en el altar por la humanidad y como colmo de su amor por nosotros nos dice “Cómanme”. ¡La locura!

Si faltamos a Misa, nos estamos privando de ese inmenso manantial de felicidad que debe orientar toda nuestra vida en Gracia.

Si aún asistiendo, no comulgamos el Cuerpo de Cristo, es que algo anda mal en nuestra alma: el pecado mortal y eso automáticamente nos hace infelices. El pecado mortal, cualquiera que este sea, nos priva de la Gracia Santificante y quita la paz del alma.

Somos frágiles, estúpidos, y podemos caer. Como dice un tango: “Un tropezón cualquiera da en la vida”, pero ¡por Dios!, no podemos quedar en ese estado: recurro lo más pronto posible al Sacramento de la Reconciliación y el domingo comulgo porque comulgo, ¡vaya pues!

Dejar la Misa dominical es signo de que he perdido de vista al Señor Jesús, de que tal vez lo he ofendido gravemente... y lo dejo ofendido. ¡Fatal!

Si amar y ser amado es el hilo de plata para ser felices, no hay cosa más maravillosa que vivir dominicalmente el infinito amor de Dios por mí y responder a su amor con una comunión fervorosa.

¡NO ROMPAMOS EL HILO DE PLATA!

PH

 

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