___________________________ Cartas PH __________________________


PINOCHO Y ADÁN


 

05/04/2013

 

Gepeto fabricó un muñeco de madera y lo llamó Pinocho. Le quedó tan simpático que le dieron ganas de que fuera su hijo. El Hada Azul le hizo el milagro y el muñeco de madera cobró vida. Pero como era de madera, no tenía conciencia, no sabía lo que estaba bien y lo que estaba mal, por eso un grillo trató de ayudarlo. Pero sucedió que Pinocho ya podía moverse en libertad y no como los títeres del teatro que son movidos por otras manos y Pinocho empezó a portarse mal. No sabía como manejar su libertad y se juntó con malos amigos, mintió, faltó a la escuela, etc...

Sabemos que por eso le crecieron las narices como castigo de su mala conducta.

Gran paralelismo con lo acontecido en la creación de “Adán”, o sea del Hombre. A diferencia de los animales que son movidos como títeres por sus instintos ciegos, fuimos dotados de una libertad tan grande que no sabemos controlarla. Desobedecemos la Ley de Dios buscando apoderarnos de la ciencia del bien y del mal. Es lo que Benedicto condena como el “relativismo” imperante en que el hombre quiere decidir lo que está bien y lo que está mal llegando a considerar bueno el asesinato de los bebés por el aborto.

Lo que llamamos “pecado original” no es otra cosa sino la desventaja de ser meramente humanos, con las limitaciones que esto trae y gozar al mismo tiempo de una total libertad. Heredamos de nuestros padres tan solo la naturaleza humana. No somos Dios y siendo tremendamente libres, como Pinocho, abusamos de esa libertad. Nos podemos mover a nuestro antojo y Dios no quiere limitar esa libertad porque volveríamos a ser animales, muñecos de madera, títeres sin responsabilidad alguna.

Nuestra historia, la de toda la humanidad es la de Pinocho. Al crearnos Dios, sabía de antemano que fallaríamos pero no le importó. Gepeto deseaba que Pinocho fuera su hijo y el Hada Azul, de nuevo le hizo el milagro. Del mismo modo Dios nos hace sus hijos al comunicarnos con el Hada de la Gracia Sanficante, su Vida Divina por el Bautismo y los demás Sacramentos. ¡Somos los Pinochos de Dios !

 

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