___________________________ Cartas PH __________________________


MÁS TESTIGOS CANINOS


 

03/07/2012

 

Queridos Amigos.

Espero les haya llegado la carta del perro de salvamento llevado por los Topos a Haití hace diez años, que descubrió a una persona entre las ruinas del templo y esa persona era nada menos que Jesucristo en el Sagrario. ¡Un can testigo!

Le pregunté a la escritora Alejandra Sosa, autora de aquél artículo publicado en DESDE LA FE , si tenía más datos acerca del asunto y no me mandó algo sobre lo de Haití, pero sí otra anécdota perfectamente histórica, de lo acontecido en Baltimore USA, en 1995 cuando el Santo Padre Juan Pablo II estuvo de visita apostólica.

Después de celebrar la Misa en el campo de los Orioles, en Camden Yards, y de haber sido aclamado por las calles de la ciudad, haber visitado la Basílica de la Asunción (la primera Catedral Católica del país), de haber gustado un lunch en un local de Caridad Católica, de una ceremonia de oración en la Catedral de “María nuestra Reina” en el norte de Baltimore y finalmente estaba programada una rápida parada en Seminario de Santa María.

El programa era realmente muy apretado de manera que simplemente saludaría a los seminaristas apostados al aire libre en la escala del seminario. Pero el Papa decidió pasar en medio de ellos y entrar al edificio. Quería rendirle una visita al Santísimo Sacramento.

Cuando expresó su intención, los agentes de seguridad entraron velozmente en acción prestando una especial atención a la capilla donde el Papa iba a orar. Llevaban con ellos a unos perros cuidadosamente entrenados para detectar si alguna persona estuviera presente, como los perros de los Topos. Los canes entraron rápidamente, examinando el hall, los pasillos, oficinas, salones de clase y finalmente fueron llevados al templo entrando por el pasillo central examinando las bancas y llegaron a la capilla lateral donde estaba el Santísimo Sacramento. Se acercaron olfateando al Sagrario y ladrando lo señalaron rehusándose a que los retiraran. Estaban convencidos de que habían descubierto a una persona.

Los Católicos sabemos que los perros estaban el lo justo: ¡Habían encontrado a Jesucristo en el Tabernáculo!

Dos historias paralelas, la de Haití y la de Baltimore. Dos historias que deben hacernos reflexionar para que cuando entremos a un templo Católico, lo primero que debemos hacer es localizar el Sagrario y adorar rendidamente a Jesucristo, Dios Todopoderoso escondido en la Eucaristía.

ADORO TE DEVOTE, LATENS DEITAS

 

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