___________________________ Cartas PH __________________________


“HIJO, NO TIENEN AGUA” (Jn, 2,3bis)


 

25/05/2012

 

Sabemos de sobra lo que aconteció en Caná de Galilea, cuando ante la pena de unos novios la fiesta se quedaría en seco, la Madre, la Señora, pendiente de todo, le pide a su Hijo que haga algo. Y ya saben lo que pasó.

Después de 22 meses sin lluvia, en muchos Estados de la República, principalmente en el Norte, la cosa es catastrófica. Allá en Caná tal vez la fiesta hubiera seguido un tanto sin chiste. Pero en México no es cosa de estar “alegres” o aburridones, es cosa de VIDA O MUERTE.

Hemos visto en los noticiarios los huesos secos y calcinados de ganado vacuno en medio de la milpa, seca como una teja. Hemos contemplado kilómetros cuadrados absolutamente áridos, incapaces de producir un solo elote. Las presas convertidas en sucios charcos, la gente acarreando agua en cubetas para poder siquiera cocinar....

¿Qué siente una madre cuando su hijito le dice lloriqueando, ¡‘Mamá tengo sed’!? ¡Ni para beber tiene agua! ¿Qué hacer?

Además una cosa muy desagradable: los baños no pueden usarse sin agua y la familia ha tenido que salir por una “ruta de evacuación” para esconderse tras una cerca o de un árbol. Y lavar ropa, ¡ni de chiste!

El ranchero tendrá que tomar más pronto que tarde, una terrible decisión: agarrará lo que pueda para llenar su camioneta o su carreta, cerrará las ventanas de la casa, cerrará con llave las puertas, atrancará el corral y se despedirá de sus moribundas vacas, de sus ovejas y gallinas. Subirá al vehículo a la familia con todo y perrito, y se irá.

¿A donde? ¿a la casa de un pariente en el pueblo cercano? A la ciudad a buscar trabajo o a pedir limosna?

Digamos todos insistentemente a la Señora que provocó el primer milagro de Jesucristo:

¡MADRE, NO TIENEN AGUA!

 

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