___________________________ Cartas PH __________________________


¡LA CRISTIADA!


 

20/04/2012

 

Jean Meyer nació en Francia en 1942 y estudió la carrera de historiador trabajando como investigador del Centre National de la Recherche Cientifique y como profesor en la Sorbona de París. Eligió como tesis para su doctorado el tema del levantamiento de los católicos en contra del gobierno habido en México entre los años 1923 y 1926. Se vino a México y durante siete años trabajó en los archivos y entrevistando a muchos sobrevivientes de dicha guerra. El fruto de sus investigaciones son entre otras cosas, tres libros y cuatro cuadernos profusamente ilustrados. Y además, Jean se enamoró de México y se quedó a vivir entre nosotros.

Cuando se anunciaba que estaban filmando La Cristiada, con un director norteamericano llamado Dean Wright me entró una profunda inquietud porque cualquier película “histórica” venida de Hollywood, ya sabemos que resulta una “gringadera” en la cual tuercen todo, mezclan todo, malinterpretan todo. No respetan ni los Evangelios. Sin embargo, me animaba el saber que el productor es Pablo José Barroso, mexicano y bien católico, que fue el productor de “El Gran Milagro”.

Para mi agradable sorpresa, la obra está basada precisamente en Jean Meyer y si alguien sabe de la guerra Cristera es el historiador francés a quien tuve el honor de saludarlo personalmente un día en la Nunciatura Apostólica.

La película “La Cristiada” es a no dudarlo, una gran producción que nadie debe dejar de verla para tener un idea de lo que fue la persecución religiosa en tiempos de Calles. Es preciso sin embargo hacer notar algunas carencias y también aspectos que siendo muy conmovedores, se alejan del hecho histórico.

Carece la película de amplitud y profundidad al no exponer la maldad de la famosa “Ley Calles” que fue la que desató el conflicto. Calles endureció tremendamente las leyes de reforma ya de por sí injustas de 1857, oprimiendo a la Iglesia al grado de querer fundar obligatoriamente una “Iglesia Católica Mexicana” separada de Roma, con todo y su “Papa” autóctono, el tristemente ridículo “Patriarca Pérez”.

Por otro lado, la figura del Beato Anacleto González, estelarizado por Eduardo Verástegui, no tiene la enorme importancia que en realidad tuvo en el conflicto, pasando un tanto desapercibido.

El Calles que nos presenta, está muy alejado del tremendo y cruel Calles real. En cambio el embajador Morrow está muy adecuado.

“El Catorce” en realidad no murió como héroe en la batalla, sino ejecutado por una corte marcial de los mismos Cristeros, por su indisciplina incontrolable.

La relación tan conmovedora entre Gorostieta y el chiquillo José, que ocupa mucho espacio es muy cinematográfica, peliculesca y protagónica, pero ficticia.

El levantamiento de los Cristeros fue algo mucho más importante y sublimemente heroico de lo que presenta la película. Tenía que ser el gran Juan Pablo quien nos pusiera ante los ojos algunos de los miles de Mártires que supieron dar su vida por Cristo. ¡Dios nos diera la fe, el valor, la energía, la santidad para ser dignos de morir por Jesús!

 

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