___________________________ Cartas PH __________________________


CON BOLETO
¡Y FUERA DEL ESTADIO!


 

30/10/2009

 

Amados Amigos Todos:

Ya ven cómo son las cosas de la vida. El otro día una mujer con facha de intelectualoide me dijo muy ufana “Yo creo en Dios, pero no en la institución”. O sea, no cree en la Iglesia, o sea, no cree en los curas. Y me dio coraje (¡qué raro!), pero me contuve y me porté muy bien. Conste.

Lo mismo pasa con muchos “católicos” que cuando hablan de la Iglesia, automáticamente está hablando de algo extraño a sus vidas. Es algo “allá”, lejos de mí.

Cuando algunos “intelectuales” hablan de la Iglesia, por lo general hablan como desde afuera, hablan de algo que realmente no conocen, de algo que no han vivido. Y los comparo como alguien que teniendo el boleto (Bautismo), se han quedado fuera del estadio y quieren opinar del partido.

¡Si hubieran entrado! ¡Si hubieran vivido su vida cristiana cerca de Jesús! Vivir empapados del conocimiento de Cristo, iluminados por su Palabra oída, meditada, vivida; si hubieran vivido su cristianismo de Confesión y Comunión frecuente, de la Misa dominical; si hubieran militado en alguno de los numerosos Movimientos de la Iglesia: Acción Católica, Escuela Pastoral, Equipos de Nuestra Señora, Cursillos de Cristiandad, Círculos Bíblicos, Encuentros Matrimoniales, Jornadas de Vida Cristina, Legión de María, etc., etc., etc., si hubieran leído las Cartas de Juan Pablo II y de Benedicto, si supieran la beneficencia que sostiene la Iglesia en todos los países del mundo, si en vez de fijarse tan solo en los “prietitos del arroz” o sea, los por desgracia existentes y contados escándalos, tuvieran en cuenta la acción a veces heroica de miles y miles de sacerdotes, religiosos y laicos; en resumidas cuentas, si hubieran aprovechado su boleto y hubieran entrado al estadio, tendrían derecho de opinar acerca de “la institución” y de seguro su opinión no sería negativa sino todo lo contrario.

La Iglesia fundada por Cristo en la roca de los Apóstoles, con San Pedro como Jefe indiscutible, que ha llegado hasta nuestros días a todo el mundo, es un milagro de Dios, incomprensible sin la asistencia del Espíritu Santo. Amemos a nuestra Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que es Una y Santa, la única, Don de Dios; luchemos desde la cancha, no fuera del estadio, por la extensión del Reino de Dios en la almas con todas nuestras fuerzas. Seamos dignos jugadores en el partido por la salvación. ¡Ganemos por goleada, vaya pues!

PH

 

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