___________________________ Cartas PH __________________________


LA IGLESIA Y LOS TOROS


 

30/01/2012

 

Queridos Amigos:

Tema de gran controversia es la fiesta de los toros: mientras multitudes acuden a las múltiples plazas taurinas de la República, un grupo de inconformes hacen manifestaciones a la entrada de las plazas pidiendo a los legisladores que se suprima lo que llaman una cruel masacre de animales. En Cataluña ya lograron la prohibición y esperan que en México suceda lo mismo. Ojalá hicieran lo mismo a la entrada de los hospitales en donde se tiran a la basura seres humanos...

Confieso (si es pecado) que soy muy aficionado a los toros. Cuando niño y joven, viví a dos cuadras de la plaza de Toros de la Condesa y vi torear a las mejores figuras de los treinta y cuarenta. Reconozco que es una salvajada aprovecharse de la bravura de un toro para lucirse a costa de él y al final matarlo de una certera estocada. Pero eso no es todo. En otra ocasión, si no les molesta o si les interesa, les escribiré el porque me gusta la fiesta taurina.

El caso es que hemos oído en alguna ocasión “Yo creo en Jesucristo, pero no en la Iglesia a la que odio”. Y quiero hacer la comparación con los toros: aquellos que odian la fiesta, no saben lo que significa, están fuera de la plaza. Los que odian a la Iglesia, están también fuera, no la conocen, gritan desde la banqueta.

Como en los toros, también en la Iglesia hay lados oscuros, cosa que no se puede negar y lo lamentamos. Pero la Iglesia Católica, la única fundada por Jesucristo en el Colegio Apostólico, es grandiosa en su historia, en sus logros, en sus santos, en sus obras, en su organización, en su arte, en su fidelidad heroica al Evangelio, y no me refiero a la jerarquía, sino todos los católicos de todos los 20 siglos de vida de la Iglesia; me refiero a tu mamá y a la mía, me refiero a los mártires Cristeros, me refiero a los millones de santos anónimos que la Gracia divina ha producido y a los Santos ilustres de los cuales llevamos el nombre.

Aquellos que odian a la Iglesia llevados por las consignas y enseñanzas de sus enemigos, que no se han preocupado por constatar la veracidad de lo que les dicen y todavía creen que la Iglesia mandó a la hoguera a Galileo y que los perversos jesuitas embarazaban a las monjas en orgías secretas, etc., aquellos que tan solo se fijan en los sacerdotes infieles a su vocación y no ven los miles y miles que dan su vida en tierras de misiones acompañados por religiosas y laicos que exponen su vida por Cristo, los que no saben de la mundial beneficencia de la Iglesia, incomparable con la de cualquier organización o país del mundo., están fuera de la plaza, están totalmente prejuiciados. La Iglesia Católica es magnífica, es obra de Dios a pesar de las fallas humanas. Si estás gritando desde la banqueta, desde afuera de la plaza, investiga, estudia, vive su fe, participa, conoce, ama y purifica a la Iglesia que te ha dado la Vida Divina en los Sacramentos y la Palabra de Dios en la Biblia.

PH

 

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