___________________________ Cartas PH __________________________


LA SEMILLA


 

26/12/2011

 

De un ciprés que tenemos en el atrio de la Parroquia, cayó una piñita compacta y dura de 3 cm de largo y 2 de ancho.

Me la llevé con curiosidad a mi escritorio y a los pocos días, se fueron abriendo sus escamas y dejaron escapar pequeñísimas semillas de apenas 2 mm de tamaño. Ya tengo unas cien semillitas y tal vez vayan saliendo más y más conforme la piñita se vaya secando y abriendo.

¡El milagro de la naturaleza! En cada semilla se esconde un ciprés entero. Ahí está todo un árbol, con todas sus características. Si se siembran, ciertamente no saldrán cedros, fresnos, abetos o nopales: nacerán cipreses como su padre.

Y pienso en el ser humano. El paralelismo es absoluto. En un microscópico espermatozoide que asemeja un ajolotito, está ya la mitad del hombre con todas sus características. No hace falta sino sembrarlo en el óvulo femenino para que con la suma de los cromosomas, esté ya configurado el nuevo ser, el hijo. En la “Tierra Madre” del vientre materno, el pequeñísimo óvulo fecundado irá creciendo aceleradamente con un ritmo ordenado por él mismo. La madre es pasiva en el procedimiento, proporcionando solamente alimento por medio de su sangre.

El ciprés esparcirá miles de semillitas de las cuales tal vez una o dos den nacimiento a sus hijos. Del semen masculino, millones de espermatozoides serán “desperdiciados” con tal de que el mejor de ellos logre la fecundación. Así funciona la Naturaleza, el Cosmos entero: millones y billones de galaxias y estrellas y sistemas, para que en una galaxia, la nuestra, en un sistema solar, el nuestro, existiera un planeta capaz de sustentar la vida del hombre y que el Creador de todo ese prodigioso derroche se hiciera uno de nosotros por un incomprensible amor. Así es Dios...

 

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